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¿las dificultades de ser mujer y masona en Argentina?



En Argentina, la Masonería Femenina tiene pocos años de existencia. Desde 2002 la Gran Logia Femenina de Argentina trabaja en nuestro país. Sus inicios se remontan a un grupo de mujeres que viajaban a Chile para tomar los grados masónicos hasta que lograron levantar columnas de tres Logias en Argentina bajo los auspicios de la Gran Logia Femenina de Chile. Su sede está en la capital del país.


En el año 2009, La Gran Logia Femenina lograba levantar columnas de su quinta logia. Fue entonces cuando sufre su primera crisis y un grupo de maestras decide separarse y formar el Gran Oriente Simbólico Femenino de la República Argentina (GOSFRA). De forma idéntica, este Gran Oriente se forma con tres Logias, con sede en la capital y posteriormente recibe su Carta Patente de Brasil. En sus principios, se declaraba federal y con la misión de llevar la Masonería a toda la República.


Para el año 2015 el GOSFRA contaba con catorce Logias, algunas en las provincias del interior. Para esa fecha, la Gran Logia Femenina lograba levantar su séptima Logia copiando el modelo del GOSFRA de Logia Itinerante que se dedicaba a viajar por las Provincias.


Pero al GOSFRA también le llegó su crisis y en 2015 Logias enteras del interior migraron a la Gran Logia Femenina. Desde esa fecha, este Gran Oriente ha tratado de remontar esa situación sin éxito, en gran parte, a causa de la falta de institucionalización, pero principalmente porque no cumplió con su propia misión que consistía en lograr la igualdad entre las masonas sin importar donde vivan. Por su parte, la Gran Logia Femenina no supo retener a estas mujeres ingresadas en 2015 debido a su extremo centralismo. El resultado… es que hay muchas mujeres, a lo largo y lo ancho de mi país, con la voluntad de estar en Masonería pero no encuentran un lugar donde hacerlo.




Ambas Órdenes sufren, desde su nacimiento, la misma herida de muerte. Fueron creadas por y para personas que viven en la Capital, Buenos Aires. Sus Reglamentos y Constituciones determinan desigualdades sólo fundamentadas bajo el lema de que “Dios está en todas partes, pero atiende en Buenos Aires”. Todo el dinero recaudado se destina a Templos, actividades y beneficios para las Logias en Buenos Aires en desmedro de las mujeres del interior que tratan de levantar columnas en sus provincias y participar activamente. Las Logias, en el interior, son virtualmente agentes de recaudación para los gastos de “representación” de las altas autoridades de la Orden.



Este modelo es una copia de lo que pasa en la Masonería masculina y, en general, en mi país. Histórica y actualmente, la capital tiene su importancia porque allí se encuentran las autoridades nacionales y el puerto. Pero sabemos que la Masonería no llega en barco ni interviene en política.


Fuera de estas dos Órdenes, existen otras Instituciones mixtas como el Derecho Humano o el Gran Oriente Latinoamericano con escasa presencia. Por ello, si una mujer del interior desea ingresar a la Masonería Femenina no tiene opciones.



La Argentina es un país extenso. Tiene una superficie de 2.795.677 km2, la cual se extiende 3.694 kilómetros de norte a sur y 1.423 kilómetros de este a oeste. Llevar la Masonería por toda esa extensión es una cuestión económica bastante difícil de sortear en un país que constantemente sufre crisis. Las amplias distancias a recorrer y los escasos recursos con los que se cuentan, entorpecen el crecimiento de las filas de la Masonería Femenina.


Por otro lado, la falta de apoyo de una Orden reconocida entierra cualquier nuevo intento de nueva Gran Logia en el lodo del “salvajismo”. Aun contando con los recursos económicos, existe esta creencia de que las Grandes Logias con sede en cualquier lugar que no sea la capital y sin el apoyo internacional, son un fraude.



Son muchas las razones por lo que la Masonería Femenina en Argentina no ha logrado prosperar, a pesar de llevar más de 20 años trabajando en Argentina. Este es sólo un intento de ir desentrañando las variables que hay que tener en cuenta para que esto cambie y podamos hablar de una Masonería más igualitaria y más fraterna.


Carmela López


 


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